Blogia
No TodoS FlotaN

Hai un paraíso.

Hai un paraíso.

Bueno, a ver.

Nos quedan cuatro días para la boda de Meiko (después de taaaanta espera) y cuatro días también para que Julio se examine del segundo examen de sus oposiciones.

Yo ya he acabado el campamento en Moral y ahora ando cuadrándome mis nuevos horarios de el par de días que tengo que ir a la facultad, con mis extraescolares y otras cosillas que me han propuesto.

Dicho lo cual, y viendo que a este paso jamás publicaremos nada sobre el viaje a Galicia. He decidido ir empezando. De momento con la pre-boda, es decir, cosas que hicimos durante los dos días previos que estuvimos por allí.

Luego atacaré la parte de la boda en sí, y luego la del finde en Alicante.

LA PRE-BODA


Del viaje no hay mucho que contar. Que salimos de aquí sobre las 12.30 y fuimos repasando la discografía de Luar na lubre (para entrar en situación), luego puse The Corrs, luego le dimos un rato a Bon Jovi…

Y llegamos a la aldea a las 18.30 o asín.

Ah bueno, sí. El camino hasta la aldea sí que hay que contarlo. Fue de esos que es toda una aventura; estrechito, lleno de naturaleza “salvaje” por los cuatro costados, pasando de vez en cuando algunas casitas sueltas con los perritos y las gallinas por ahí dando vueltas…

Esas casitas sueltas en realidad formaban aldeítas. Pero prácticamente ninguna pasaba de las 5 casas. Eso sí. Casas chulísimas con unos patios y unas vistas y un… de todo, que daba gusto. De hecho, el camino debía ser tan poco transitable que un par de paradas de autobús que vimos durante el mismo, estaban devoradas por las zarzas y la maleza.

Pareciera que fuera a salir de allí el monstruo “chipi cripi” ese.

Nota: para quien no lo sepa, el mostro “chipi cripi” es el “jeepers creepers” o como se escriba.

Vale, la aldea de nuestro destino se llamaba Carrafeira (que queda así muy mono en gallego pero significa “carrocería”). Y para cumplir con los requisitos tenia… a ver… yo diría que exactamente 5 casas. Tuvimos q pedir ayuda a dos lugareñas para llegar hasta la casa del chico este, no porque no ubicáramos la casa entre las 5, si no porque en un principio no sabíamos que ya habíamos llegado. Y las lugareñas, por supuesto con su atuendo típico de mujeres del campo, nos dijeron algo en gallego que yo no entendí por más que puse el oído. Básicamente lo que nos dijeron era que ya habíamos llegado a Carrafeira, que era aquello. Menos mal que Julio sí que las entendió (no sé como).

Llegamos a la casa de los padres del novio, y allí estaba reunida toda la familia. Cosa que no es difícil cuando todos viven en las aldeas de alrededor, por cierto. La casa era ya de por sí enorme, y tenía detrás su huertecito y tal. Y nada, esa noche cenamos allí a lo grande.

Pero a lo grande. Porque en Galicia todo es “a lo grande”. No existe el término medio, y menos aún cuando se trata de comer. Nuestra anfitriona, que era la madre del novio, no tenía otra cosa en la boca más que estar todo el tiempo diciéndonos “COME” y si tú le decías que ya habías comido… “pues come MÁS”.

Sin embargo, nosotros no nos quedamos allí en la aldea, si no que nos alojaron en un piso que el chico tenía en Lugo, a donde tardábamos como una media hora en llegar.

Y el piso también estupendo. Enorme, cerquita del centro… Vamos, lo que en Madrid podrías pagar a base de vender tus riñones y los de tus descendientes a lo largo de diez generaciones.

En Lugo estuvimos muy bien. Hicimos un poco de turismo pero tampoco mucho, porque como somos así de hábiles… Ejem, Julio se había olvidado los zapatos del traje en casa, y yo me había llevado solo sandalias para el vestido, pero anunciaban que para la boda iba a llover.

Así que tuvimos que salir de compras. En busca de zapatos para él, y de algo que no fueran sandalias para mi, para llevar el pie cubierto. Estuvimos toda una tarde recorriendo la ciudad para no encontrar nada. Todo muy caro y, para mi gusto, feo. Además el pobre Julio tenía el problema de que su talla es muy grande y es difícil encontrarla por ahí. Con lo que se complicaba más la cosa.

Al final terminamos en el Carrefour, donde por cierto no queríamos ir pero nos perdimos. Y allí encontramos algo que ponernos para pasar el apuro. Luego para volver a la casa nos perdimos de nuevo. Porque hay algo que aprendimos allí: las señales aparecen cada mucho mucho mucho tiempo. Prácticamente tienes la de salida y llegada al sitio, pero durante el trayecto no sabes por donde tirar. No está bien indicado, no no…

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

2 comentarios

Miki Koishikawa -

anda que...
somos lo peor, al final esta historia jamás fue contada en su totalidad...
jajaja
pero vamos, el día del banquete, entre unas plantitas que había fuera del restaurante ví unos caracoles ENORMES...
sí es que allí, todo a lo grande...
bueno, todo no sé, porque hay una cosa que no pude comprobar...
la la la

zoe -

Miralaaaaaaaaa!!!! por Lugo, yo nací alli... aunke, solo nacer, vivo en Stgo de Compostela desde los 3 añitos... total, ke no conozco el pueblito ese, pero me hicieron muxa gracia los comentarios de ke... en Galicia todo es a lo grande, y sobre todo comer... por ke si! es muy tipico de aki... encima te ceban en tos laos! xDDDDDD
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres